por Sixto Porras Cada etapa en la vida es preciosa. La adolescencia viene con sus propios desafíos y oportunidades. Los padres atentos la pueden aprovechar para continuar la tarea de formación que vienen realizando en sus hijos.
¡Cómo nos confunde el comportamiento de nuestros hijos cuando son adolescentes! Alguien, hablando de su hija adolescente me decía: cuando ella tenía apenas cinco años e íbamos a cruzar una calle muy transitada, no dudaba en tomar mi mano, pidiendo que no la soltara. Nunca protestaba y siempre cruzábamos sin problema. ¡Pero, ahora ya cumplió quince años! Si necesitamos cruzar la misma calle e intento tomarla de la mano, ¿qué cree que hará ella? Pues… se va a ruborizar e intentará, lo más rápido que pueda, alejar de ella mi mano. La relación es la misma de siempre. Cuando somos padres de niños, ellos nos toman la mano; cuando entran a la adolescencia, nos sueltan la mano. Yo un día hice la prueba con mis dos hijos. Regresábamos de un partido de fútbol. Tomé la mano de mi hijo menor y él no objetó. Intenté lo mismo con el de catorce años y él me dijo: «No, papi, suéltame; yo puedo solo». Señales de cambio ¿Cómo podemos saber si nuestros hijos están entrando a la preadolescencia? Le doy una pista: el otro día mi hijo de diez años me corrigió: «papi no me digas “ropita”, ni me digas “chiquitito”; dime ropa y usa mi nombre». Ese día me di cuenta de que él estaba dejando de ser niño. Otra señal la obtenemos por esa pasión nuestra por llevar a nuestros hijos hasta la puerta cuando viene el bus escolar. Cuando llega el bus le entregamos su vianda y le damos un abrazo y un besito. Cuándo llegan a la preadolescencia uno sale todo preparado para besarles y la niña le reconviene: «papi, entra de una vez. ¡Qué van a pensar mis amigos?» Le comparto otra señal. Vamos al paseo de los sábados que toda la familia suele compartir y, de repente, me avisa: «hoy quisiera ir con mis amigos». «Ya no nos quiere» —se lamenta la mami. No; sí nos quiere. Lo que pasa es que está creciendo. Otra señal es que antes nos llamaban para dormirlos. Nos acostábamos, orábamos y estábamos un ratito con ellos. De repente usted entra al cuarto para tratar de dormirlos y él o ella lo miran y preguntan: «¿Sí papi?» Cuando espían tus intenciones, se ponen firmes: «No, no papi; ¡Fuera de mi habitación!» Padres preparados Nosotros debemos prepararnos para la adolescencia de nuestros hijos y también preparar a nuestros hijos para su propia adolescencia. Mi jefe, el doctor James Dobson, señala que en la adolescencia los temores serán más alarmantes, los placeres más emocionantes, los problemas más inquietantes y los fracasos más intolerables. Los cambios hormonales a esa edad provocan que la vida se vuelva intensa. Cuando ellas y ellos se enamoran, todo el mundo desaparece, y solo ese amor queda. Y pareciera eterno, aunque a la semana siguiente le guste otro muchacho. Y ellas y ellos necesitan entenderlo. ¿Qué es un adolescente? Es la persona que primeramente vive la etapa de pubertad, aquella que los técnicos señalan se extiende de los diez a los quince años. Es la fase del desarrollo, de las modificaciones fisiológicas, morfológicas y psicológicas. Yo sostuve esta conversación con mi hijo de diez años. Le advertí de cómo iba a experimentar cambios físicos, hormonales, en su voz y cómo sus emociones se iban a intensificar. Le hablé del surgimiento del bello púbico. Le hablé de su primera eyaculación. De igual manera las niñas necesitan que se les hable de su primera menstruación. ¡Que no las sorprenda! Usted puede hablarlo en la preadolescencia, pero debe respetarlo cuando lo vivan, porque va a ser privado. En la preadolescencia, a los diez años, ellos preguntan y usted responde con naturalidad. Esto es la pubertad. Luego llega la adolescencia propiamente dicha, entre los quince y los veinte años. Esta es la etapa de las decisiones; es la etapa en que definen su carrera, en que comienzan sus primeras experiencias de noviazgo y otras experiencias significativas. Tomarán decisiones muy importantes; por eso es trascendental prepararlos para la adolescencia. Esta etapa es crítica, que afectarán la vida del joven. E igualmente afectará la de los padres. Si tiene hijos pequeños, reserve fuerzas y energía para la adolescencia. Si usted piensa que aquel pequeño de dos años exigió al máximo sus reservas físicas, guarde energías para esta otra etapa. Hay que llevar y traer; hay que invitar amigos, preparar más comida y, en todo, amar intensamente, porque es una etapa preciosa. La vida entre etapas Quisiera decirle a los jóvenes que es una etapa bella como cualquier otra en la vida y uno debe aprender a vivirla. Es una etapa de confusión, de mil preguntas, de descubrir los errores de los papás, que parecían perfectos antes y de repente parecen anticuados, que no comprenden a sus propios hijos ni ellos mismos son comprendidos. Estos cambios son producto del acción del hipotálamo. La pituitaria segrega hormonas, sustancias bioquímicas, que, en ellas, producirá la progesterona y el estrógeno, las cuales maduran los óvulos. En ellos, producirá la testosterona, que es responsable de la producción de los espermatozoides en los testículos. Esta es la explicación técnica del asunto, del cambio fisiológico. La adolescencia es la etapa en la que se deja de ser niño, pero sin ser adulto todavía. «Si no soy niño ni soy adulto, ¿quién soy? Ahora gozo de un cuerpo de adulto, pero sin los derechos de un adulto». Algunas partes del cuerpo crecen pero no a la velocidad que quisieran. El sudor huele mal y debemos enseñarles a utilizar desodorante antes de que los amigos les digan que huelen feo. Aparece el bello púbico, la voz del varón parece chillona y la niña resulta más alta que el varón. Es un tiempo donde necesitan dormir mucho más. Algunos compañeros comienzan a crecer con más rapidez mientras otros se van quedando atrás. Algunas niñas desarrollan más a prisa que otras. Todo esto significa para ellos un problema terrible, y debemos enseñarles cómo enfrentarlo. Comienzan a surgir preguntas como estas: «Papi, yo sé que tú amas a mami, ¿pero… te gusta?» Se está asomando una nueva cosmovisión de la vida. Los cambios hormonales los llevan a ver de manera diferente a las mujeres. Ahora la puerta del baño y del cuarto se cierran, y debemos respetarlos porque los adolescentes valorizan más su privacidad. Están descubriendo su libertad, su independencia, se están conociendo a sí mismos. Ahora comienzan a ser mucho más frecuentes sus periodos frente al espejo. Surge una nueva dimensión para interpretar todo. Cada prenda la miden: «esto no va; esto sí va». Han perdido sus cuerpos de niños. Relaciones en otros términos Los adolescentes también pierden a los padres omnipotentes y descubren padres con defectos. Uno de estos días fui a dejar a uno de mis hijos a un lugar. Yo ya llevaba puesta mi ropa de dormir: ¡nada extraño! un short y una camiseta. Antes de llegar a la casa donde iba a dejar a mi hijo, él me advirtió: «Por favor, me bajo del auto y te vas». Yo le contesté: «pero… yo quiero verte; ¿hay alguien en la casa?» «Es que es muy feo que te vean así» —me señaló, con vergüenza. Comienzan, entonces, a vernos diferentes. Antes éramos el mundo entero. Hoy les damos vergüenza. «Papi esos zapatos no van. Si vienen mis amigos ¡no salgas del cuarto!» No es que han dejado de querernos. ¡Claro que nos aman! Lo que pasa es que descubren que los papás son diferentes de cómo los veían. Antes nos miraban como una persona absoluta. En la adolescencia, sin embargo, necesitamos mostrarnos a ellos como amigos. Ellos quieren percibirnos como amigos. El proceso de duelo que viene, producto de enfrentar estas perdidas y situaciones emocionales fluctuantes es terrible. Aparece, en algún momento, la negación, pues no quieren aceptar la nueva situación. En otros momentos van a sentir frustración o tristeza. Se encuentran en un mundo donde comienzan a descubrir una fuerza impresionante. Una mala mirada de algún amigo los despedaza. Una expresión de rechazo les provoca un sentimiento de profunda tristeza. En el proceso deben descubrir su individualidad, y para ello desarrollan su propio espacio. Su habitación, por ejemplo, es importante. Es el espacio en el que establece su propio orden y debemos comprenderlo. Si usted compró un perfume para él, nadie tiene derecho de tomarlo. Respete la intimidad de sus hijos. Este es un periodo en que necesitan pasar más tiempo solos, o con sus amigos. Padres a la medida ¿Qué ocurre con nosotros los padres durante todo este proceso? Si desconocemos las características del proceso del crecimiento en esta etapa, las reacciones serán muy diversas. Si acudimos a actitudes desproporcionadas provocaremos rebeldía y enfrentamiento. No debe enfrentarlos con gritos, sin embargo. La autoridad no se negocia. La autoridad es liderazgo respetado y es diferente al poder. El poder utiliza un martillo mientras que la autoridad goza de un estilo de vida que inspira respeto. ¡Es una gran diferencia! Quisiera darle un consejo a los padres. El producto que hoy ven no es el producto final; está en una época de transición. Esta es la verdad más importante que necesitamos conocer con respecto a nuestros hijos adolescentes. Esta es una etapa que pasa, que se supera y que nosotros somos privilegiados si los acompañamos en ella. Invierta tiempo, pero tiempo de calidad en ellos. Las conversaciones no se pueden imponer, sino que deben surgir espontáneamente a partir de diálogos propios. Es un periodo en que necesitan sentirnos cerca de ellos, pero no asfixiándolos. La rivalidad y confusión pueden surgir, y estas nos traerán frustración. Los jóvenes no entienden plenamente lo que les ocurre. Por eso es importante que usted les explique. Muchos de sus temores, ansiedades y desalientos podrían evitarse si estuvieran más instruidos. Ellos son capaces de tolerar toda clase de reglas y restricciones, siempre y cuando no ataquemos su ego. «Las reglas son estas y recibirás estas consecuencias y privilegios. Cada vez que las cumplas gozarás de estos privilegios, pero si no las cumples recibirás consecuencias que debes afrontar». Sea firme y consecuente, pues los límites dan seguridad, aunque ningún limite guste. Dos amigas se despedían. Una gozaba de absoluta libertad de horarios, mientras que la otra debía sujetarse a la hora de llegada que sus padres le habían establecido. Cuando ya eran las 10:00 p. m. la mamá de la segunda la llamó para que entrara a la casa. Esta felicitó a su amiga: «dichosa vos que no tenés a nadie que te diga a qué hora llegar». A la amiguita se le cayeron algunas lágrimas y respondió: «No. Es mucho más bello saber que existe alguien que se preocupa por una». Al presente ellos no lo entenderán, pero un día lo van a agradecer. No insulte a su hijo ni a su hija, ni menosprecie el crecimiento que está experimentando. ¡Respételo! No los hagamos sentir infantiles. «¿Cómo! ¡usted está enamorada con apenas catorce años de edad?» Recuerde cómo se sentía usted cuando se enamoró por primera vez. «¿Te gusta? ¿Cómo se llama? ¿Manuel? Vení, contame de Manuel. Hablemos un poco más». Ella quedará sorprendida. «¿Cómo!, ¿no te vas a enojar?» «Claro que no. Esto es lo más normal». Y si usted comienza a hablarlo con naturalidad, le dejará una tranquilidad enorme. Cuéntele de su primer novio, del primer beso. Abra el espacio para que ellos hablen, para que puedan expresar sus emociones. Enseñe a amar. El respeto mutuo entre padres e hijos es fundamental. Préstele su hombro y lloren juntos, porque para ella o para él es importante. Usted debe también estar atento al afecto que necesitan: abrazos y besos. Estos no deben darse delante de los amigos, sino en casa. Ellos querrán sentarse en sus piernas, aunque ya sean todos grandotes. Serán las últimas sentadas, por lo que las deberá aprovechar al máximo. Un diálogo fluido El diálogo es una parte fundamental de este proceso. No se demore en enseñarles sobre su sexualidad. «A partir de la primer menstruación/ eyaculación podrás ser madre o padre. Emocionalmente, socialmente y económicamente no estás listo, y no tienes la madurez intelectual para afrontar esa responsabilidad. Asegúrate de pensar con cuidado cuando quieres que nazcan tus hijos, porque cualquier relación sexual puede tener esa consecuencia». Conversen sobre la presión que ejerce un grupo y de la importancia de una sana autoestima. Esté atento a los cambios que están enfrentando. No los obligue a hablar cuando no quieren. No obstante, existen momentos donde buscarán el diálogo. En esas oportunidades abra su corazón. No se ría respecto a sus sentimientos o emociones. Debe recordar lo siguiente: el adolescente está buscando su propia identidad y experimentará cambios de personalidad. De repente estarán imitando a un amigo o personaje de televisión. ¿Es malo? No, pues está buscando su propia identidad y necesita héroes. En esta edad los amigos cobran un papel importante. Acérquese a los amigos de sus hijos. Invítelos a casa, para que su casa sea también la casa de los amigos de su hija y su hijo. En el camino algún chiquillo se le va a arrimar y abrazar, porque en su casa no encuentra quién lo abrace, y usted también podrá hacerle bien a los amigos de ellos. Mi mamá preparaba grandes ollas de comida en casa. Un día llegué a invitar a cuarenta amigos. ¡Ella no protestó! Nos llevó en dos buses a la plaza. Nunca rechazó a mis amigos y ellos la llegaron a amar como una mamá, pues siempre ofrecía un buen consejo. Yo la escuchaba, porque gozaba de un ojo clínico, y era muy entendida a la hora de dialogar con otros. Nunca olvidaré mi entrada a la universidad. Escogí ingeniería porque mi mejor amigo iba a estudiar eso. Parecía tan seguro, pero por dentro era un saco de confusiones. A los tres meses no entendía nada y, por primera vez, me pregunté: «¿qué quiero hacer yo?» Tenía mucho susto, pues apenas había cumplido diecisiete años. Llamé a mi papá y le confesé: «papi, no me gusta la ingeniería. Quiero cambiar de carrera». Guardó un silencio respetuoso y luego me dijo algo que jamás olvidaré: «Hijo, lo que tú elijas, tu mamá y yo lo vamos a respaldar. ¿Qué quieres estudiar?» Le pedí tiempo para investigar y colgué el teléfono. Ese día me senté conmigo mismo, porque habían delegado responsabilidad sobre mi vida, porque me estaban dando el privilegio de elegir. No iba a elegir la carrera que mi papá no logró estudiar; iba a elegir mi propia carrera. Era mi responsabilidad. Los hijos necesitan sentirse útiles. Déles responsabilidades. No haga todo por ellos. Deben saber planchar, cocinar y administrar un presupuesto. El Dr. Dobson cuenta una experiencia que vivió y que nunca comprendió hasta que se lo preguntó a su mamá muchos años después. En el último año de colegio los papás iban a salir una semana de viaje. La mamá le anunció: «Puedes quedarte en casa e invitar a algunos amigos durante estos días». Cuando habló con su mamá, después de todos esos años, le preguntó: «¿cómo es que pudiste darme tanta libertad?» Ella respondió: «Es que al año siguiente ibas a gozar de toda la libertad al mudarte a la universidad y yo quería darte una oportunidad para que probaras tus capacidades». El sentimiento que surge dentro de nosotros en estas situaciones es que se nos valora porque somos personas con capacidad para ser útiles. Es importante que nuestros hijos se sientan valorados por las personas que ellos son. El adolescente también valora el sentido del humor. Ríanse juntos, pero nunca se ría de ellos. Respete sus ideas. Cuando difiera de sus criterios, exprese el porqué. Un desacuerdo no es siempre rebeldía; permítales no estar de acuerdo con usted, pues es una manera de mostrar que usted los respeta. Enseñar con el ejemplo Disfruten un hogar atractivo. Ellos se sentirán orgullosos de padres que se ven bien, que se ven felices. Este el tiempo en que aprenderán de lo que otros les modelan. Lo que ellos ven es lo que impactará su vida. En la adolescencia juegan un papel importante tanto el padre como la madre. Debemos permitir que la puerta se abra poco a poco. Si otorgamos libertad absoluta, se sentirán inseguros y atrapados. La responsabilidad se debe entregar, en forma progresiva y prudente. Debemos confiar en ellos, creando oportunidades para que combinen la libertad con la responsabilidad. Un día sus hijos se detendrán en el camino, volverán a ver para atrás y le dirán gracias: «Gracias por estar ahí, por haberte esforzado en darme el mejor ejemplo». Para ese entonces ustedes solo tendrán recuerdos de los momentos que pasaron juntos. Si realizamos una buena inversión en ellos, sin embargo, seguirán cosechando los frutos de esa obra por el resto de sus vidas. El autor
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, un reconocido conferencista internacional, ha producido más de 10.000 programas radiales y televisivos sobre temas relacionados a la familia. Es el actual Director de Enfoque a la Familia para América Latina y España. Vive, junto a su esposa Helen y sus dos hijos varones, en San José, Costa Rica. © Copyright 2000-2008, Desarrollo Cristiano Internacional. Todos los derechos reservados. Prohibido el uso parcial o total de este material sin expresa autorización.
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